Autor Póstumo: Manuel Bueno Camino
Dormir:
El acto de estar en un estado de reposo natural y periódico en el que se suspende la actividad consciente y todo movimiento voluntario.
Reflexión:
Es una paradoja fascinante.
Pasamos un tercio de nuestra vida en un estado donde nuestra identidad consciente se apaga por completo, dejándonos en una vulnerabilidad absoluta.
¿Quién sabe lo que ocurre mientras dormimos?
Desde fuera podemos observar a la persona dormida y, mientras su cerebro subconsciente procesa emociones, fija memorias, nosotros observamos sus movimientos oculares, su respiración o sus espasmos incluso podemos escuchar la conversación en su sueño. Es un periodo de indefensión donde el ser humano es absolutamente vulnerable.
Diría que dormir es el acto de confianza más sublime que existe.
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Nos rendimos ante lo que pueda suceder en el exterior, fuera de nuestro sueño. Desaparecen los problemas, las obligaciones incluso perdemos la noción del tiempo. Y aún así, sin voluntad propia, nuestra mente sigue creando mundos extravagantes o infinitos, personajes absurdos y situaciones indescifrables que no controlamos, porque solo los sueños son capaces de reconocer su realidad y de adentrarse en ella.
Nuestra capacidad u obsesión por controlar y justificar todo lo que nos rodea, nos lleva a interpretar ese mundo onírico que se escapa de nuestro alcance.
Así creamos explicaciones desde distintas perspectivas:
La científica. Las fases del sueño.
La filosófica: La naturaleza de la mente.
La psicológica: El significado de los sueños, donde Sigmund Freud o Carl Jung, enunciaron todo un compendio de símbolos o arquetipos para encontrar los mensajes que se esconden en este mundo durmiente.
Poema: Cuando duermes...
Tan suave es tu aliento
que con él, percibo tu alma
y entonces contigo siento
¡Paz, sosiego y calma!
Tu aliento cuando duermes…
Cada noche me parece
que nada en el mundo se mueve.
Es melodía tan suave,
que los ángeles mecen.
¡Duerme tranquila, duerme!
Que yo cuido tus sueños… siempre.
A Emi, mi mujer. Mayo 1988
Tengo que confesarte, papá, que recuperar esta manera tan especial de escribir es una verdadera terapia.
Te imagino en tu ritual creativo tan particular y me pregunto qué imaginarías primero la palabra, la reflexión o el poema o ¿Puede que fuera algo aleatorio y te dejaras llevar en cada momento, por aquello que la inspiración te regalara?
Hoy, cuando ya no estás, valoro inmensamente este hilo conductor que me une irremediablemente a tí.
Y te trae de vuelta conmigo
con cada estrofa
con cada pensamiento…
y me sorprendo a mí misma cocinando para ti, otra vez…
Hoy mis fogones tienen aroma a tu arroz meloso con langostinos.
¡Va por ti, Papá!