Marchitar:
(Del latín marcēre, decaer).
- tr. Ajar, deslucir y quitar el jugo y frescura a las hierbas, flores y otras cosas, haciéndoles perder su vigor y lozanía.
- tr. fig. El tiempo no ha marchitado su recuerdo.
Reflexión:
Solemos mirar la decadencia de una flor con desolación, como si el fin de su frescura dictara el final de su existencia.
Nos da miedo el roce del tiempo, las espinas que defienden la vida y el inevitable momento en que los pétalos deben ceder ante la gravedad.
Sin embargo, olvidamos que la materia solo es el ropaje del alma. Cuando una rosa se marchita, no está perdiendo su belleza; la está liberando.
Se despoja de lo que fue para quedarse con lo eterno.
El rigor del invierno solo marchita lo que los ojos ven, pero es incapaz de borrar la luz que sembró en quienes la contemplamos.
Marchitarse no es desaparecer.
Es el acto supremo en el que la vida da paso al espíritu, transmutando para siempre en un destello celestial.
El Llanto del Rocío
(Poema Póstumo)
Cómo cortaré esa rosa
haciéndole menos daño
protegida como diosa
por las espinas del tallo.
Cuando está rompiendo el día,
al acercarme al rosal,
el rocío me decía:
“¡No! ¡Qué está empezando a llorar!”
Como siempre, me volvía
con sentimiento y pesar,
sin lograr cortar la rosa
que empezaba a marchitar.
Desde el tomillo, la abeja
presta volaba a libar
la hidromiel que le mostraba
la rosa de aquel rosal.
Iris reflejan al sol
gotas que lleva el rocío,
dando belleza al color
y a su terciopelo, el brillo.
Se fue marchitando el día
y la rosa del rosal;
dejó, esa tarde fría,
un destello celestial.
Primavera de 1999
Conociendo a mi padre, no tengo duda que este símil de la transmutación del alma y la rosa marchita, es una metáfora en el que la rosa es mi padre y que “su marchitarse terrenal” es el recuerdo vivo que nos ha dejado con cada uno de sus escritos.
Así que, en homenaje a este poema y a uno de sus disfrutes favoritos, os comparto la receta de polos de frutas naturales que no pueden faltar en verano.