PON PALABRAS A TUS EMOCIONES

Y GRÍTALAS A LOS CUATRO VIENTOS.

A veces, nuestras emociones se quedan guardadas en la despensa hasta que caducan y nos amargan el presente.

Y es que, no somos conscientes de lo que implica esconder nuestras emociones.

Y te aseguro que la mayoría de los conflictos personales y, por ende, sociales, nacen por esta razón.

Porque no eres lo que sientes sino lo que expresas.

El primer paso para sentir armonía y positividad es poner palabras a tus emociones y no callar lo que necesitas contar.

Grita a los cuatro vientos lo que te preocupa, todo lo que te emociona.

Compartirlo con tu mundo será una experiencia liberadora.

Claro que es más fácil decirlo que hacerlo porque el entorno es demoledor.

Como si seguir las reglas y actuar como la mayoría es lo correcto.

Todo aquello que te haga ser «rarito» hay que esconderlo en el fondo del alma. Pero la realidad es que, la expresión de nuestros sentimientos, es un lenguaje universal. Avergonzarnos de ellos es no reconocernos por dentro.

Observa a un niño. Expresa sus emociones sin filtros. Ríe o llora según sus necesidades y dice o pregunta lo que le viene a su cabeza. Ellos tienen un tesoro y  cada vez que corregimos la espontaneidad de un niño,  esa caja, pintada de mil colores, llena de ingenuas emociones se vacía de a poquitos y con ella, su manera de expresar. Su naturalidad comienza a ser corregida, su mundo se desmorona y con él, todo su riqueza interior. Es el inicio del fin. Aunque sigue siendo un niño sin filtro, nunca más se expresará como lo hacía antes. Ahora fluye por aguas estancadas sin reconocerse en ese interior  mágico e inocente. Aparecen nuevas emociones que no son capaces de manejar. Están bombardeados con imágenes y discursos tremendos y adictivos que no comprenden ni saben manejar y, a pesar de ello, forman parte de su aprendizaje. Y esta incomprensión les provoca dudas, impotencia, ira, depresión, envidia, violencia, aislamiento… 

De repente, se convierten en adolescentes y esta actitud ha conformado  su carácter. Están invadidos por miedos e indecisiones y, si nadie lo remedia, estos comportamientos irán aumentando hasta su madurez ¿Qué valores pueden enseñar estos adultos a sus hijos? 

Nuestro cuerpo no sabe mentir, así que se revela y somatiza toda emoción que mantiene bajo llave.

Es fundamental expresar lo que sientes, lo que te preocupa. Llora si tienes la necesidad de hacerlo o ríe si es lo que te pide el cuerpo. Las emociones no causan dolor sino la resistencia a sentirlas.

Hay pequeños cambios de actitud que conseguirán abrir ese cajón emocional para reconocer a ese niño o niña interior que acallaste antes de tiempo. Al menos, a mí, me funciona:

Cierra los ojos, y saca todo lo que tienes dentro. Expresa con palabras y hechos lo que amas; todo es pura inspiración. Encuentra la tuya; baila, canta, dibuja, actúa, corre, cocina, imagina, inventa… Si tus pensamientos se convierten en palabras que otros oyen, todo toma otra dimensión.

Las penas son más llevaderas si las divides en pequeñas porciones. La angustia desaparece si se comparte y las carcajadas son absolutamente sanadoras cuando ríes en compañía. Te darás cuenta la cantidad de gente que te rodea con problemas iguales o mucho más grandes que los tuyos. Será muy alentador observar cómo tu nueva actitud,  ayuda a otros a superar, compartir y expresar aquello  que les paraliza.

Roma no se conquistó en un día. Y la victoria llegó luchando codo con codo, guardándose las espaldas unos a otros. Confía. Con esta nueva actitud vas a encontrar tu paz interior. Cada uno tenemos la nuestra y, cuando la encuentres, será la herramienta más potente para equilibrar tu vida. Sin ser consciente, irradias luz.

Y entonces ocurre…

Te importa un comino lo que la gente piense. Así de claro y de sanador. Eres feliz, capaz de expresar tus sentimientos sin vergüenza y no hay nada más satisfactorio que esta sensación.

¡Cuánto tiempo perdido, preocupándote en lo que los demás puedan pensar!

Si has llegado a este escalón, ¡Enhorabuena! Ha comenzado tu catarsis.

Eres tú realmente, con tus defectos y tus virtudes, con tus manías y tus problemas y la gente que está aquí y ahora es la que importa. Esta actitud lleva automáticamente a aceptar a los demás sin prejuicios, tal y como son.

Estás exteriorizando todo lo que hay en tu interior. Has abierto de par en par el cajón olvidado en ese rincón de tu alma y has  tirado la llave. El mundo ahora es inmenso. Aprendes de otras culturas, aceptar otros pensamientos, compartes otra forma de sentir y de pensar. Ahora el sol es más claro por las mañanas aunque las nubes no te permitan verlo, la música tiene más ritmo y tu mente está llena de ideas positivas y de motivación. El vaso, por primera vez en mucho tiempo, está más  lleno que vacío.

¿Te das cuenta que lo único que ha cambiado es la manera de  expresar tus emociones?

Déjate llevar. Atrévete a ser tú misma. Encuentra aquello que te haga sentir paz; cada uno de nosotros nos reconocemos de infinitas maneras, pero encuéntrate.

Solo se vive una vez, es un pensamiento muy manido pero no hay nada más real…

Así que, ponte manos a la obra y como decía mi madre: «No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.»

Uno de estos momentos en los que siempre me reencuento conmigo misma, es entre letras y fogones.

Hoy comparto con vosotros esta entrada junto a  mis huevos rellenos.

0 0 Votos
Valoración.
Subscribirse
Avisar de
0 Comentarios
Respuestas en línea.
Ver todos los comentarios