Manué por el mercado con tododo los productos encargados por la juli en el guiso empoderado parte 2

El guiso empoderado parte 2: El charlatán y la manteca colorá.

Manuel cruzaba la calle cuando un aroma celestial le frenó en seco. Si los ángeles huelen a algo, pensó, es a grasa de la buena. Guiado por sus papilas gustativas, que en él funcionaban como un GPS de alta precisión, terminó ante una carpa monumental donde el humo del churrasco, las costillas y el pulpo a la gallega formaban una niebla bendita.

Sus tripas rugieron con la fuerza de un motor diésel. Y es que Manuel, fiel a su dieta “suave”, solo había desayunado dos huevos fritos, tostadas con mantequilla y mermelada, un bollo suizo, un café con galletas desmenuzadas, dos plátanos y una naranja. Es decir, estaba desfallecido.

Se echó la mano al bolsillo y acarició con esperanza los cuatro billetes de 50 euros. Era el dinero del paro, el tesoro que la Juli le había confiado para el “Guiso de las Mujeres Empoderadas”. Pero el hambre es traicionera.

—Jefe, ¿a cuánto el chorizo? —preguntó con la voz temblorosa.
—Tres euros, caballero.

Manuel vigiló al cocinero como un halcón: “Ese no, el de al lado, que es más gordo”. Y ya que estaba, le regateó dos rodajas de pan extra porque las anteriores eran “transparentes”. El chorizo desapareció de su vista en lo que tarda un parpadeo.

Luego vinieron las dudas metafísicas: ¿churrasco a 7€ o pulpo a 9€? Tras un complejo cálculo mental digno de la NASA (3+7=10, 3+9=12…), Manuel dio con la solución salomónica:

—Póngame los dos.

Total: 19 euros y sin bebida. “Ya lo ahorraré quitando cosas de la lista de la Juli”, se autoconvenció mientras se relamía.

Pero la feria es una trampa. A la salida, cayeron una manzana de caramelo y un algodón de azúcar (otros 6€). Poco después, poseído por el espíritu del consumo desenfrenado, compró una fregona centrífuga para calmar su conciencia, unas pistolas de agua y un rascador-calzador que era, según él, el invento del siglo.

A esas alturas, Manuel ya había decidido que “de perdidos al río” y caminaba más feliz que un niño con zapatos nuevos (y rascador de espalda). Fue entonces cuando la vio.

Manué se quedó petrificado ante la carpa de los libros. Él, que consideraba que leer era un deporte de riesgo, se vio asaltado por un tipo con traje brillante y una verborrea que ni un político en campaña.

—¿Está usted cansado de ser un secundario en el teatro de su propia vida? —le soltó el tipo, clavándole los ojos con intensidad magnética—. ¿Busca el éxito, pero solo encuentra asientos ocupados en el autobús?

Manué se quedó parado, como un conejo encandilado por los faros de un coche. El tipo era un auténtico “vendehúmos”, pero de los profesionales.

—Mire, jefe, ejjj que… yo… pos vengo buscando una pata de pava de Los Palacios y unos garbanzos de…

Manué siendo embaucado por el charlatán de la feria en este relato de el guiso empoderado parte 2

—¡Excusas! —le interrumpió el feriante con un gesto teatral—. ¡Usted no busca pavo, usted busca PODER! La pava se acaba, se digiere y se olvida, pero mi libro, “Deja de ser un percebe y conviértete en tiburón”, es eterno. Y tiene suerte, amigo, porque solo hoy, y por 10 euros más, se lleva el “Pack de Alineación Cósmica”, que incluye tres velas para atraer la abundancia y unas piedras energéticas que vibran con la misma frecuencia que la cartera de Bill Gates. Una verdadera ganga, señor mío.

—Me lo llevo todo —sentenció Manuel, con la autoridad de un magnate.

Soltó los últimos billetes de 50 euros y, de pronto, el silencio. Los 200 euros de la Juli se habían evaporado entre churrascos, fregonas centrífugas, rascadores de espalda y literatura de autoayuda.

Al rebuscar con desesperación en el fondo de su bolsillo, justo debajo de un roto en el forro, sus dedos rozaron algo rígido: ¡un billete de cinco euros!

—¡Eureka! —exclamó—. Con esto arreglo yo el guiso.

Manuel miró fijamente su adquisición. Era una señal. Quizás en esas páginas estaba la fórmula para explicarle a la Juli por qué el presupuesto de las empoderadas se había transformado en un rascador de plástico y tres velas que olían a pino barato.

—¡Adió a la pava y a tooo lo demá! ¡Ay, la que me va a liá la Julia! —palideció, imaginando ya el vuelo de la zapatilla.

Con lo poco que le quedaba, entró al mercado a la carrera. Nada de Los Palacios, nada de Coventry, nada de Madagascar. En un alarde de “optimización de recursos” digna del tiburón que aspiraba a ser, cambió la pava por una tarrina de manteca colorá. Compró cuatro tomates del montón, dos cebollas que daban pena verlas y un pimiento arrugao que estaba de oferta porque hasta el frutero le tenía lástima.

Con el libro bajo el brazo, el rascador asomando por la chaqueta y la manteca colorá en la mano, Manuel enfiló hacia su casa, convencido de que la buena vibra de sus nuevas piedras energéticas sería suficiente para detener el impacto del calzado de la Juli.

—Bueno —murmuró Manué, tratando de autoconvencerse—, según el libro, lo importante es la “actitud mental positiva”. Verás tú qué risa cuando la Julia vea la actitud de este pimiento.

¿Cómo crees que va a recibir “La Juli” a “su Manué”?

Descubre el desenlace de este guiso empoderado de la juli el 21 de Abril.

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