Cuando recapacito sobre lo que entonces ocurrió, me pregunto si todo aquello que parecía casual seguía una sincronía indescifrable.
Si yo hubiera conocido qué iba a acontecer después de aquella noche, ¿cambiarían las decisiones que tomé entonces? ¿O volvería a atraparme tu mirada?, tu voz modulada, ¿me embaucaría entre esas notas graves para conducirme allá donde tú estuvieras?
Si hoy me reencontrara con aquella mujer de entonces, joven, independiente, con sus sueños de entonces y sus motivaciones de ayer, ¿descubriría las diferencias y semejanzas con la mujer adulta de hoy? ¿Tendría algún sentido exponerla a los sucesos maravillosos y trágicos a los que se tendría que enfrentar si acudía a esa primera cita?
Cierro los ojos. Las dos nos reencontramos y nos reconocemos.
Siempre supe las respuestas a estas preguntas.
Todo lo pasado hasta llegar aquí es lo que da a mi vida un propósito; es lo que convierte este día en especial. Cada lágrima, cada sonrisa, cada intuición y decisión han sido una elección.
Elegí acudir a aquella cita y no a otra.
Elegí acompañarte en el camino incluso cuando perdías el rumbo.
Elegí ir contracorriente mientras te gritaba y me decepcionabas;
también te elegí cuando te abrazaba y volvía a encontrarte.
La cordura no estaba a nuestro favor.
Demasiadas diferencias para que saliera bien. Lo nuestro era una locura transitoria, un capricho del momento; el espejismo que no te deja ver el árido desierto. La diferencia de edad, nuestra manera de pensar y de entender la vida. Yo amaba las multitudes; tú necesitabas soledad para encontrarte. Yo siempre fluyendo entre el cielo y el mar; tú, anclado a la tierra, inflexible. Mi intuición contra tu realidad; tu determinación contra mi ductilidad.
Según la predicción, esta relación hacía aguas por todos lados…
Contra todo pronóstico, te elegí a ti, a nadie más.
Demostramos, incluso a nosotros mismos, que tú y yo no éramos una lluvia pasajera. Fuimos tormenta.
Contra todo pronóstico, me regalabas una nueva rosa roja cada nueve de febrero hasta superar las treinta. Ni demasiadas, ni suficientes.
Nunca pienso en lo que me he convertido y en todo lo que he vivido a tu lado hasta llegar a este momento.
He envejecido a tu lado, hasta el final de tu camino.
Y hoy, contra todo pronóstico, cada pliegue de mi piel lleva marcado tu recuerdo. Desafiamos a la razón, al paso del tiempo. El vínculo que tú y yo compartimos perdura más allá de la ausencia.
“El amor —decía Tagore— es como las mariposas: si tratas de alcanzarlas desesperadamente, se alejan; pero si te quedas quieta, se posan sobre ti.”
Hoy permaneceré parada sobre mis pies esperando que, en mi quietud, te poses en mi alma, me susurres amor y llenes mi día de rosas con más pétalos que espinas.
Hoy, nueve de febrero, te percibo así: mariposa revoloteando a mi alrededor.
Y, no he dudado ni un momento la receta que más me recuerda a tí, nuestro Chef particular, ha sido todo un lujo saborear tu especialidad : La paella al estilo Manuel paellas improvisadas o más o menos elaboradas que hacías como nadie. Allá donde estés, que sepas que, a pesar de dejar el eslabón muy alto, seguimos la tradición con mucho éxito.
Precioso! 💕 🌹🌹🌹🌹🥘🥘🥘