“LA PROFE DE FRANCÉS”

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Autora: Marisa Ventura

La profesora de francés es menuda y pequeña. Se mueve arriba y abajo con voluntad y carácter y reparte su mirada marrón por toda la clase absorbiendo los rostros de todos los alumnos y adivinando por la expresión, si estamos tomando nota con provecho de la oportuna ilustración.

Cuándo a mí me mira no sé lo que pensará, porque a veces presiento mis ojos abiertos como platos, como si de ese modo mis oídos pudieran comprender los vocablos gabachos que aún no conozco, pero es que me lo piden, el interés que ella pone en nosotros y que el francés desde siempre, ha sonado como música para mis oídos.

A veces, cuando la veo moverse, me trae a la memoria a una de esas bailarinas que están dentro de una caja musical y que danzan al son de la melodía que suena al abrir la tapa.

Se mueve amable, con la meta bien clara, dando vueltas por el aula, explicándonos aquí y allá, incansable hasta que acaba la clase. ¡Qué volatinera danzarina!

No le gustan las edades, siempre que hablamos de la nuestra arruga el ceño y nos pregunta por qué nos gusta decirlo con esa alegría y de seguido nos apunta:

-“Yo no pienso deciros la mía. ¡Hala!, adivinadlo si queréis.

Y todos reímos y nos ponemos a calcularle mentalmente cuántos años tendrá. Y ella nada, que no suelta prenda, pero es que realmente no es fácil saberlo porque viste ropa juvenil y como es menuda, realmente parece una jovencita. Además se mueve lozana, derrochando energía por todos los poros, como cualquier adolescente.

Cuando a veces nos relata alguno de sus días de asueto, puedo imaginarla montando en bicicleta con empeño, nadando veloz cual animal acuático recreándose libre en su hábitat o caminando con paso vivaz mientras parlotea con alguna compañía y también, caminando entre las hermosas flores que tiene plantadas en el jardín de su casa, relajada por fin de la prolongada labor semanal.

Es vigorosa dentro de su pequeñez y transfiere todo ese brío con sus movimientos garbosos y sus ojos audaces a toda la clase. Nos estimula a trabajar con empeño acentuando bien cada palabra con su experto acento francés:

“Vite, vite, allez, chouchoux, courage…. “

Así, yo, cuando llego a casa no puedo evitar “parlar” en el idioma gabacho durante la cena en familia, y hasta cuando le hago la limpieza del sábado a la casa voy pensando en francés y parloteando lo que se me ocurre; claro que vaya usted a saber que disparates diré algunas veces.

¡Ay, si los muebles hablaran!

RAMA PÁJAROS Y FLORES

Me gusta ir a clase de francés. Entro por la puerta y ya está ella allí, sin demora y presta a danzar al son de la melodía instructiva del idioma, entonando la enseñanza y moviendo su cuerpo ágil por toda la clase, como una muñeca danzando en su caja de música.

M.L. Ventura



Esta historia viene en compañía de una receta tan sutil y ligera como la profe de francés: TARTA DE QUESO

TARTA DE QUESO


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