Según la numerología, parece que 2026 es un año universal 1. El 1 representa un nuevo ciclo lleno de poderosos comienzos.
Si estuvieras aquí, me mirarías de soslayo, regalándome ese gesto tan tuyo que nunca supe interpretar: si como una mueca irónica o una sonrisa curiosa.
Ahora que no te veo, parece que comprendo mucho mejor esa mirada como un gesto complaciente y divertido de mis locuras transitorias hacia cualquier acontecimiento misterioso.
Por algo yo soy Cáncer y tú Capricornio: signos opuestos pero complementarios, como nosotros.
No hay tú sin yo; no existía yo sin tú.
Yo siempre he sido tu hogar, tu refugio; tú fuiste mi montaña, bien anclada a la tierra. Cuando yo volaba allí donde no podías seguirme, me tocabas el hombro para bajarme de mis alturas. Yo era quien necesitaba cuidar; tú eras quien te dejabas hacer. Pero cuando no nos entendíamos, entonces yo me aferraba al pasado y tú dejabas de sentir para no mostrar vulnerabilidad. Y en esos momentos en los que mi apasionada intuición y tu férrea convicción chocaban intransigentemente, aparecía la tormenta que cerraba todo a nuestro paso. Intuitivamente, sin ser conscientes de que Capricornio sin Cáncer no son nada, esperábamos que pasara el aguacero para volver a reencontrarnos en ese punto donde tú y yo volvíamos a ser dos eslabones de la cadena.
Hoy, en este año 1, transformador y maravilloso, camino sin ti; espero sin desesperar.
Desde que te fuiste no hay tormentas de las que guarecerme. Ya no hay velas que apagar cada 15 de enero, ni mañitas que cantarte por el día de tu santo. Aun así, miro hacia el cielo, que hoy tiene un azul luminoso, y te sonrío.
Sin mi Capricornio para siempre, aprendo a ser feliz.
Recuerdo nuestro propósito, que continúa siendo el mío. Nada funciona a mi alrededor sin amor porque todo se siente vacío. Y yo siempre tengo mucho amor que dar: no sé vivir de otra manera. Tiendo a sonreír por nada y con todo, y te imagino con tu mueca irónica y tu sonrisa amorosa aceptando lo inevitable. La vida continúa y yo sigo en ella.
Y hoy te siento entre el agua que nutre mi alma y la tierra que sostiene mis recuerdos.
Después de tres vueltas al sol sin ti, sé que no puedo llegar hasta allí donde estás, pero siempre sabré dónde encontrarte: donde volver una y otra vez para sentirte bien anclado a mi alma.
Hoy sí puedo decir con total convicción que te quiero hasta el infinito y mucho más allá; que eres mi luz y mi guía; que no hay un solo día que no te sienta.
Allá donde estés, hoy brilla mucho amor mío. Yo estaré atenta a cualquier destello… como siempre desde que te fuiste.
Esta historia esta ligada a esa receta tan de Manuel que representa esa unión tan Cáncer y Capricornio:
