Esta nueva etapa de Historias entre Fogones y, en estas fechas tan especiales, me provoca una ilusión casi infantil, como me sentía la noche de Reyes esperando desenvolver mis regalos con un entusiasmo curioso y lleno de ternura.
La esencia de este rincón no ha cambiado: todo sigue contándose desde la emoción; las voces y los aromas son los mismos… pero hay un brillo nuevo en las esquinas, una ilusión que huele a estreno y a hogar.
Hoy te doy la bienvenida a esta versión renovada de Historias entre Fogones como quien abre la puerta esperando qué encontrar en su interior: pasa, deja las prisas fuera; aquí dentro el fuego está encendido y te recibimos con los brazos abiertos.
Para mí, la Navidad es una mezcla agridulce que me provoca sonrisas y lágrimas. Mi mesa está llena de cariño y complicidad, pero con algunas sillas llenas de ausencia que nos recuerdan a los que ya no están.
Realmente, esta web nace de un sentimiento muy parecido: el de continuar vistiendo de fiesta el mantel aunque duela, seguir cocinando memorias para no olvidar quiénes somos, compartir nuestro corazón para sentirnos vivos.
En Historias entre Fogones no busco recetas perfectas, sino guardar instantes: el olor del sofrito de mi madre, la cuchara golpeando la olla de mi abuela, la frase que siempre repetía —“un poquito de sal y otro de paciencia”—, las sobremesas eternas que terminan en confesiones suaves.
Con el tiempo entendí que no guardaba platos, sino pedacitos de vida.
Mientras preparaba esta nueva web, sentí que ordenaba los adornos para una nueva Navidad, eligiendo qué se queda, qué ya no encaja o qué merece volver a brillar.
Os confieso que me daba mucho respeto cambiar todo el diseño, como cuando elaboras para una cena importante una receta nueva que no has probado antes, pero la vida es eso: deshacerse de los miedos, ajustar los sabores y los aromas, disfrutar imaginando el resultado y confiar en las cosas bien hechas. Pero lo esencial es no perderse, permanecer fiel a pesar de la metamorfosis, seguir priorizando el cariño hacia todo lo que cocino y escribo, no olvidar mi propósito; el amor a mi hogar, a mi gente en esta y en la otra orilla.
Y sí, me gustaría que te emocionaras conmigo y este hogar digital fuera también tu refugio. Un lugar al que volver cuando el mundo haga ruido. Una cocina encendida donde siempre haya algo murmurado en el fuego: una historia, una receta sencilla, una reflexión que te abrace por dentro.
No busco perfección, sino verdad: las migas en el mantel, la taza que deja un cerco, la servilleta arrugada. Las señales de que la vida ha pasado por mis fogones y mis historias.
Aquí hay sitio para todos los que cocinan al son de su música favorita, para los amigos que llegan sin avisar, para las familias que convierten una mesa pequeña en un festín… y también para ti, que quizá lees esto buscando un momento de calma.
No prometo grandezas, pero sí cuidar los pequeños detalles: el pan recién cortado, la cucharada que sabe a infancia, el primer café de la mañana mientras todo duerme, mi imaginación convertida en historias y añoranzas resucitadas a través de mis recuerdos.
Así que, si te palpitan estas insignificantes cosas, si te nace leer, compartir o formar parte de esta casa, quédate: eres bienvenid@. Explora, curiosea, deja que alguna frase se te pegue a la piel como el olor de un buen caldo.
Yo seguiré aquí, encendiendo los fogones y poniendo palabras donde antes había silencio. Y te deseo de corazón que estas fiestas encuentres tu manera de sentirte en casa.
Aunque estés lejos.
Aunque falte alguien.
Aunque nada sea perfecto.
Porque la magia —igual que en los guisos a fuego lento— está en seguir removiendo con amor.
Bienvenid@ a esta casa entre fogones.
No dejes de echarle un vistazo a mi última receta, que inspiró esta entrada:
Hermosoooo!
Hermanita como siempre desembocando emociones. Es una etapa nueva que mueve tu corazón y el todos quienes te queremos y leemos.
Te quiero mucho y te auguro lo mejor
Creo que para nuestra familia, no la navidad, sino el día 24 de diciembre, es muy especial. Muy especial por los recuerdos felices de niñez, por todo lo que significaba, porque ni más ni menos celebrábamos el cumpleaños de nuestra madre. Ah, y eso eran palabras mayores. Era ilusión, familia, paz, amor. Era esperanza, juntar la familia en un único hogar. Era el acontecimiento más esperado del año, para mí, junto a mi cumple y los reyes magos en lo referente a lo material, pero el más importante a nivel de unión familiar.
Ahora, hoy en día, incluso en la lejanía física, sigo viéndolo igual, porque educo mi mente y no permito que nadie ni nada distorsione esas sensaciones.
Te doy la enhorabuena por este nuevo diseño de tu blog y de las nuevas ilusiones depositadas en este caso nuevo proyecto, en el que lo más importante es no perder su esencia