Micrófono sobre escenario representando la libertad y la pasión por la vida

Libertad: esa pasión por la vida

Los que me conocéis sabéis bien que siempre estoy maquinando nuevas maneras de compartir mis escritos. Y, de repente, me aparece, bajo archivos perdidos, uno de mis proyectos olvidados, de los que ya os he hablado en una de las entradas de este mes, «La historia de nunca acabar», y siento la necesidad de recuperarlo.

Hace muchísimos años, mi hija me regaló un dibujo precioso realizado a partir de una foto mía elegida por ella. La artista a la que encargó el trabajo (prometo acordarme de su nombre y compartirlo) se inspiró en mi imagen y me hizo un hada preciosa con la que me sentí y me siento muy identificada.

Así fue como surgió la siguiente idea: recopilar palabras de nuestra maravillosa lengua española, que me parecen preciosas, escribir una pequeña frase que me inspire una emoción de esa palabra en cuestión e imprimir esta idea sobre el hada.

Ahora he pensado rescatar esas imágenes para escribir una historia, reflexión o relato en una entrada que subiré de forma regular a Historias entre Fogones. Estoy feliz de recuperar uno de mis proyectos olvidados.

Empezamos con esta imagen.

Libertad

El hada Isela representando la libertad.

Esa pasión por la vida

Quién me iba a decir que alguien como Patti Smith, una leyenda del rock de los 70; esa mujer de imagen poderosa, independiente, rebelde, transgresora; la roquera poeta que, junto al gran Bruce Springsteen, escribió una de las canciones que más he escuchado y bailado en los 80, titulada “Because the Night”… quién diría que me iba a enamorar por mucho más que su música y su manera de contar sus melodías.

En una entrevista, a sus geniales 72 años, hace balance de su vida y afirma, con rotundidad, que su gran triunfo no fue convertirse en la famosa Patti Smith, ni las giras, ni los récords de ventas. Su verdadero éxito fue crear una familia junto a su marido y sus hijos.

Patricia Smith siempre supo lo que quería. Respecto a su marido, Fred “Sonic”, guitarrista del grupo MC5, Patricia cuenta en la entrevista: “nada más verlo, supe que era el hombre de mi vida”. Por eso, cuando llegó el momento de formar una vida en común, no fue ningún sacrificio cambiar los escenarios por los pañales. Y, a pesar de las críticas aterradoras de grupos feministas que la querían mitificar como un icono de su causa, Patti se mantuvo fiel a sus principios, a sus cariños de carne y hueso, y se alejó de los focos para dedicarse a lo más importante, en cuerpo y alma.

Aquella decisión que tomó en 1980, tras el anuncio de su primer embarazo, fue comprendida por muy pocos. Una inmensa mayoría criticó su decisión de apartarse de todo lo que tanto le había costado conseguir para convertirse en una sencilla ama de casa.

Esta manera de afrontar su nuevo estado —pasar inadvertida, dedicarse a tiempo completo a cuidar de su hogar y de sus hijos como una gallina clueca y, además, anunciarlo a los cuatro vientos— fue un acto absolutamente liberador y el verdadero éxito de toda su carrera personal y profesional.

Años después, tras la muerte de su marido, realizó alguna incursión en el mundo musical, pero pasarían más de 20 años hasta que grabara un nuevo álbum y, una vez más, lo hizo como tributo a su madre, fallecida en 2002. Las dos décadas en las que el mundo no supo nada de la cantante fueron el mayor triunfo de Patricia: saboreó su intimidad, su verdad y su gente.

Su encarnizada lucha por mantener la estabilidad de una monotonía elegida es la de todos los que escogemos este modo de andar por la vida, con fogones recién horneados y risas llenando todos los rincones, canciones de cuna y charlas inconexas que te adentran en una vida tranquila, anónima y tan especialmente distinta a otras.

La libertad es esa pasión por la vida.

Mi receta en este recuerdo: huevos rellenos que me traen recuerdos de casa y de Los Búhos.

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