Ilustración navideña que simboliza la reflexión sobre el origen de la Navidad y la crítica al consumismo durante las fiestas.

¡EL ENMASCARADO ESPÍRITU DE LA NAVIDAD!

M.L. Ventura

Cuenta una parte de la historia que la Navidad o Natividad tiene origen pagano y que los cristianos de entonces, muy perspicaces ellos, captaron enseguida el poder que tal conmemoración tendría sobre sus adeptos y, pronosticando lo que supondría para su propia “estructura contemplativa”, decidieron adoptarla.
Así la asociaron a la llegada de Jesucristo, cuya fecha legítima de nacimiento en realidad se desconoce, pues lo único cierto, al parecer, es que vino al mundo en la estación del otoño, dato éste calculado a partir de saber que los pastores aún recorrían con sus rebaños aquellos parajes, algo más que improbable durante el mes de diciembre.

Inicialmente, la Navidad fue un período dedicado a la reflexión y a la espiritualidad; una etapa para ayudar al necesitado, abrir el corazón al prójimo, alimentarse con moderación y negarse a los excesos materiales: nada más alejado de nuestra era, en la que ni mínimamente nos acercamos a los solemnes principios de tal ceremonial. Muy al contrario, su desmesurada e ingente ¿evolución o involución? ha desatado el nivel de consumo, derroche y fingimiento hasta límites de “pecado”, ya que la desproporción en casi todo es el denominador común de estos días, y aquel espiritualismo de entonces ha quedado reducido a donar un par de kilos de comida a los “pobres” menesterosos de siempre y, ahora también, a los desfavorecidos de las últimas décadas, cada vez más numerosos; eso sí, todos pródigamente bendecidos por las sotanas más ilustres y los excelsos gobernantes de turno, además abanderados por la “desprendida” colaboración de las grandes firmas de la alimentación, que aseguran el incremento de sus ventas a la par que glorifican su nombre y “socorren” generosamente la desgravación fiscal de sus impuestos.

En realidad, la Navidad de nuestro tiempo comienza más o menos hacia el mes de octubre, que es cuando los medios de comunicación aconsejan comenzar con las compras para ahorrar unos euros. Estas primeras adquisiciones serán el preludio de las grandes compras, de las carreras, de las cenas de empresa, de los billetes de lotería… y, entre unas y otros, también de las reconciliaciones, familiares o no; de los encuentros de aquellos desencuentros; de los saludos y felicitaciones a aquellos/as que apenas recordamos el resto del año, pero que de pronto nos estimulan la añoranza.
¡Es que estamos en Navidad!

Con todas estas presiones buceando sobre la regularidad cotidiana, nos toca predisponernos a golpe de mueca y sentirnos contentos sí o sí, porque todo son pragmatismos, ojos brillantes, bocas sonrientes y los “vamos, hombre, anima esa cara, que es Navidad”. ¡Época de ser feliz y punto!

Yo me pregunto si este desenfreno, si este derroche, si esta hipocresía, si esta falta de control sobre el tiempo y las emociones —las nuestras y las de los demás, tan falsas tantas veces— a la larga no será dañino para nuestros cerebros y, sobre todo, para nuestros corazones.

¿No sería mejor celebrar la Navidad generando vivencias positivas? Acciones que nos aporten placer anímico y moral; verdadera lucha para conseguir el bienestar de quienes no pueden disfrutarlo por sí mismos; mayor disposición ante nosotros mismos y ante los demás; una actitud diferente para conseguir un futuro alejado del placer ambiguo del consumismo… Y, sobre todo, ¿no sería mejor que la dulce Navidad lo fuera todo el año y no solo en invierno, porque es cuando las grandes superficies venden mejor los turrones?

En fin, esta será para casi todos la misma Navidad de siempre que —amén por cómo están los tiempos— sea como fuere que vosotros lo concibáis, deseo de corazón que disfrutéis de verdad de las fiestas; que tengáis muchos motivos reales para celebrarlas; y, sobre todo, que seáis felices todos los días de vuestras vidas.

Y como siempre, despues de cada historia os dejamos una receta para invitar un poco a la inspiracion culinaria…

El flan de la casa

El Flan de pradit inspirando a esta entrada sobre el origen de la navidad.
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