EL DÍA DESPUÉS

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Hoy, es el día después.

Grandes titulares han protagonizado las portadas de todos los periódicos del país.

¡ Las mujeres toman las calles!

Las redes se llenaron de mensajes sobre la unión que hace la fuerza. Multitud de ellos, contagiosos de energía, apoyo y motivación. Y fueron” in crescendo” a lo largo del día, como una reacción en cadena, imparable…

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Me está costando mucho escribir esta entrada.

Tengo por dentro ese sabor agridulce del “sí pero no”. No me malinterpretéis. Siento mucha emoción y esperanza al comprobar que si marchamos juntas, no hay quien nos pare. Me siento orgullosa de ser una mujer capaz de tomar decisiones, de pensar distinto y poder contarlo. Hemos cambiado la historia a lo largo de generaciones y lo seguiremos haciendo en las venideras. Pero, al mismo tiempo, siento que en estas manifestaciones de empatía hay más presencia que verdad.

Somos de acciones puntuales y de mucha visibilidad rápida. Nos convertimos en una ola imparable, por un día.

Como decía mi abuela: “Mucho ruido y pocas nueces“.

De todas formas, no es más que una percepción. No tengo datos estadísticos ni he hablado con feministas o conservadoras.

Pero existen muchos datos sobre lo que hacemos el día siguiente y al otro. Sobre la insoportable levedad del después.
niña abandonada en la calle

Y no soy yo, sino organizaciones humanitarias, como BRAC o ACUMEN FOUND , consideradas las entidades no gubernamentales más importantes del mundo, las que ratifican esta aseveración.

Además de todos los datos recogidos en redes humanitarias tan importantes como La Cruz Roja y La Media Luna Roja, la FAO, Oxfam Intermon, Acción contra el Hambre, ACNUR, Manos Unidas o Médicos sin Fronteras.

Ellos saben muy bien que nos deshinchamos tan pronto nos acostamos.

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Pero a lo mejor es una cosa mía. Yo nunca he sido de involucrarme en “ los días mundiales de algo”. Creo que no tiene mucho sentido celebrar el día del padre, de la madre, de los enamorados, del niño, del refugiado o de la mujer trabajadora. Son fechas que ponen el foco en intereses comerciales o propagandísticos y olvidan la emoción.

Parece que festejar nuestro cumpleaños un único día, entre los 365, es comparable a celebrar un día mundial de lo que se les ocurra a quienes inventan estas efemérides. 365 días, 365 causas. Y me parece una fantástica idea para despertar conciencias pero el verdadero problema es la continuidad en nuestras acciones. Es pasar de un día a todos los días después de éste.

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niñas refugiadas
No quiero desviarme de mi reflexión.

Ya hemos abandonado las calles. Se supone que hemos conmemorado un día exitoso en el que hemos gritado a pleno pulmón las injusticias y desigualdades que sufrimos las mujeres en un mundo de hombres. Por supuesto hay mucho que mejorar, hay mucha lucha por delante, derechos que asentar pero somos capaces, independientes y tenemos luz propia. Conocemos los principios y utilizamos las herramientas necesarias para levantarnos y pelear. Tenemos preparación y coraje y por tener, hasta nuestro día mundial de la mujer trabajadora tenemos. Y si alguna no se ha enterado, para más inri, ahora ya somos ciudadanas y no ciudadanos.

¡Cuánta sinrazón!

Así que hoy, no puedo dejar de preguntarme por qué yo soy parte de este engranaje y no he nacido entre las mujeres que por tener, ni sueños tienen. No existe ni un solo condicionante a su favor, como no hay ninguna respuesta a que yo no sea una de ellas.

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El adversario más letal es el medio en el que sobreviven. Son propiedad de alguien, negocio de mafias. Son religiones que las imbuyen, costumbres que las mutilan, hombres que las ultrajan. Son hijos que entierran, agua que cargan, lágrimas que esconden, educación que no tienen. Son niñas sin infancia.

tierra seca

Siento que no conocen su verdadera entereza. Levantarse cada mañana para trabajar áridos campos. Como su porvenir. Parir hijos para enterrarlos en ese mundo de miseria y desesperación. Sin horizonte.

Entonces ¿cómo puedo sentir orgullo por trabajar, por salir a la calle y poder gritar ¡NO! Por ondear banderas, portar estandartes, denunciar abusos o privilegios? Yo, que tengo la abundancia del cariño y la amistad. Que tengo la prebenda de reír y disfrutar siendo madre, esposa, amiga, hija, no puedo ni debo olvidar que, mientras aquí, nosotras celebramos, ellas, luchan allí la supervivencia de su prole.

Quiero ser consciente que ellas no son una fotografía en papel cuché, ni estádísticas, ni una excusa para enfrentar colores y voces.

Ellas necesitan apoyo todos los dias del año. Necesitan esperanza, ayuda, herramientas para vivir y educación para luchar.

collage de mujeres pobres
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¿Igualdad de trato?

Ellas no saben de derechos, ni siquiera de obligaciones. Sencillamente subsisten como pueden. Permanecen vivas un día más.

¿Cómo es posible que en el siglo XXI exista un tercer mundo que crece dentro y fuera de fronteras y continentes? ¿Qué nos pasa? Tanta divulgación desperdiciada. Quisiera llegar hasta ellas pero no puedo. Quizá uniendo mano tras mano, construyendo, paso a paso, un camino de esperanza en forma de ladrillos, libros, medicinas y soluciones sostenibles. Hogares donde vivir, fogones donde alimentar cuerpos y espíritus. Crear líderes comprometidos con esta lucha en sus propias comunidades.

Nos fallamos a nosotras y les fallamos a ellas que nos necesitan sus 364 días. A todas las que han tenido que abandonar sus hogares, buscando donde guarecerse. A las que el cambio climático les ha dejado unas tierras estériles donde morir o marchar. Las sometidas desde niñas. A las que mutilan. A las que ultrajan y lapidan. Las que son un número más en las estadísticas de violencia de género. “Género” que fea palabra. Suena a mercancía, a una especie de nada o a una variedad de algo. Y me gustaría ser más que un género o un mes en el calendario.

Hasta el acto más pequeño puede cambiar vidas. Por eso, es tan importante llegar a ellas, pero nunca leerán esta entrada ni cualquier otra. Solo aplacamos nuestras conciencias, hablando por ellas. Pero debo ser algo más que su voz. Si pudiera, tan solo elegir a una de estas mujeres, le regalaría un trozo de la vida que desperdicio y otro pedazo de la rutina que rechazo. Con ella compartiría las melodías que tienen mis noches y le enseñaría los ruidos que me despiertan a un nuevo día. Sencillamente sonreiríamos juntas y aprenderíamos una al lado de la otra. Cada una disfrutando de su vida.

Me pregunto si cada una de los millones de mujeres que ayer tomamos las calles en todos los rincones del mundo, el día después, hiciéramos lo mismo. Quizá habría un tiempo, no muy lejano, en el que sí existiría un día universal para todas las mujeres. Sí seríamos entonces una sola voz.

Pero ya os digo, no son más que mis percepciones.
niños de  la mano mirando el mundo
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En este tipo de entradas con tanta carga emocional, parece difícil retomar una realidad que inspire alguna receta. Pero podemos dar ejemplo con lo que elaboramos y aprovechamos en nuestros fogones. Sencillo, fácil, económico y al alcance de cualquiera: SOPAS DE AJO

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de tapeo
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2 respuestas a “EL DÍA DESPUÉS”

  1. Así es Marisa. Todos sumamos y cualquier acto, por pequeño que sea, es un gran paso. Y cada una lo hacemos como sabemos o podemos. Como dices, lento pero sin pararnos por el camino.

  2. Creo que muchas mujeres seguimos luchando todos los días_hay muchas formas de hacerlo_ y muchas sin las que continúan activas para que sigamos en pie y avanzando, ¡lento pero adelante!

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