Rosquillas caseras doradas rebozadas en azúcar y canela, listas para acompañar un café.

Rosquillas caseras

Ingredientes para 4 personas:

Para las rosquillas:

3 huevos grandes

80 ml de aceite de oliva virgen

170 gr de azúcar

600 gr de harina

la ralladura de dos naranjas

2 cucharaditas de levadura

la ralladura de un limón

1 copita de anís

125 ml de leche entera

 

Para la fritura:

aceite de girasol

Esta receta es perfecta para acompañar con un café o infusión. Son súper sencillas de elaborar y, si las guardas en una caja de galletas, te pueden durar una semana sin endurecerse. Aunque te garantizo que en dos días habrán desaparecido. Así que prepárate a repetir estas rosquillas con bastante asiduidad.

Paso a paso:

1) Con unas varillas o en un robot, bate los huevos con el azúcar y las ralladuras hasta obtener una crema.
Vierte el aceite y sigue batiendo hasta integrar perfectamente.

2) Mezcla la harina con la levadura y añádelo poco a poco junto a la leche y el anís. Nota: si no añades el licor, debes añadir 150 ml de leche.

3) Trabaja la masa con las varillas o batidora y luego con las manos. Puedes ayudarte espolvoreando las manos con harina y la superficie de trabajo. Debe quedar pegajosa pero manejable (que no se te quede muy pegada en los dedos).

4) Haz una bola, cubre con un trapo limpio en una fuente y deja reposar durante 30 minutos en un lugar cálido de tu cocina.

5) Después de ese tiempo, prepara bolitas con las manos engrasadas en un poco de aceite. Intenta que tengan un tamaño parecido (unos 35 g).

6) Abre en medio de cada rosquilla un agujero y fríe en abundante aceite de girasol, pero sin que humee.

7) Retíralas a una rejilla y deja que templen sin tocarlas.

8) Dales un baño de azúcar y canela molida antes de que se enfríen del todo.

Truquito

"Si utilizas aceite de oliva para freírlas, el sabor de la rosquilla es posible que sea demasiado fuerte, ya que también lleva aceite en su composición”.

no frías demasiadas a la vez y voltéalas un par de veces hasta que estén doradas.

¡Qué lo disfrutéis!

Esta receta está inspirada en la entrada de Sempiterno:

El son, escrita por Manuel Bueno Camino, su obra póstuma.

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