Rabindranath Tagore es uno de los grandes poetas con que se honra la India, pero también es una figura universal. Su poesía se lee en todo el mundo y a mí me ha marcado en momentos trascendentes de mi vida en los que necesitaba encontrar una palabra de aliento, un propósito.
Es atemporal. Siempre fiel a todo lo humano, por insignificante que parezca, y abarcando con rotundidad los conflictos que amenazan la dignidad humana, el destino del hombre o la libertad de pensamiento.
Es una voz inspirada por la caricia de Dios.
Tagore rezuma una sabiduría milenaria recogida en sus estrofas que traspasa épocas, pensamientos y religiones. Su forma sencilla y cercana de expresar temas de alto calado espiritual y social provoca una sensación de calidez y paz indefinibles.
Incluso Juan Ramón Jiménez era un seguidor incondicional del poeta indio, hasta el punto de que acompañaba cada nuevo libro traducido al español con un poema introductorio suyo como homenaje de las letras españolas a la poesía bengalí. Quizá, por ser ambos ganadores del Premio Nobel —Rabindranath Tagore en 1901 y Juan Ramón Jiménez en 1956— tenían una estrecha conexión espiritual.
Tagore tenía mucho de profeta. Era capaz de ver a través del tiempo. Sus poemas están llenos de tintes del pasado, impregnados de presente y respiran mucho futuro.
En aquella etapa en la que la India luchaba por independizarse del Imperio británico, Tagore se convirtió en un estandarte de esperanza entre las peligrosas fronteras de Occidente y Oriente. Defendió la rectitud de la conducta y el derecho a una vida digna. Estos principios fueron transmitidos desde la infancia.
A pesar de nacer en una familia de la alta sociedad —su abuelo fue el príncipe Duarkanath Tagore y su padre el Maharshi Debendranath Tagore— eran reformadores religiosos de profunda influencia en la sociedad hinduista que lucharon contra el sistema de castas, contra los matrimonios entre niños y la esclavitud de la mujer. Pero, al morir su madre siendo un niño, su padre le dejaba largas temporadas con los sirvientes de la casa, que se convirtieron en tiranos.
Por esa razón, desde muy joven viajó con su padre a Inglaterra, donde estudió leyes. Años después, de vuelta a India, se dedicó exclusivamente a su vocación literaria y de enseñanza.
En un periodo muy corto de tiempo fallecieron su esposa, su hija y el hijo menor. Aquellas tragedias marcarían a Tagore, que se retiró a unas propiedades familiares en el campo, a 90 millas de Calcuta, donde había un santuario y un hogar de peregrinos construido por su padre, el Maharshi. En aquel lugar, el poeta fundó en 1901 la escuela de Santiniketan, la cual creció significativamente a lo largo de los años hasta convertirse en una ciudad universitaria. Hoy en día, como universidad nacional, Visva-Bharati acoge a miles de estudiantes no solo de la India, sino de todo el mundo, manteniendo un cuerpo estudiantil internacional.
La escuela inicialmente se llamó Brahmacharyashrama y fue pensada como una alternativa radical al modelo educativo y colonial británico. Comenzó con solo 5 alumnos, incluyendo a su propio hijo, Rathindranath. Tagore defendía el aula al aire libre, conocido como sistema Gurukul. Aprendían todo lo relacionado con las artes plásticas, música, dibujo, danza y teatro (Tagore escribió obras de teatro que los propios alumnos representaban).
Estas artes plásticas eran tan importantes como las materias académicas y su aprendizaje más importante era vivir en plenitud con la naturaleza, fusionando la tradición antigua india con el pensamiento moderno de Oriente y Occidente. Les enseñaba a ver la divinidad en las pequeñas cosas. Aquel pequeño internado rural evolucionó durante las siguientes dos décadas hasta acoger a unos 150 alumnos, pero sin perder ese carácter íntimo de sus inicios.
Tagore les mostraba la verdad en todo su conjunto, desde la vida sencilla —donde todos los elementos que componen al ser humano se armonizan— hasta los asuntos más sociales y filosóficos. “Hagamos lo posible para demostrar que el hombre no es el mayor error de la Creación”, decía a sus alumnos. Aquella escuela formó a cientos de niños que se hicieron hombres y continuaron, dentro y fuera de la escuela, la labor de enseñanza de su maestro.
Murió en la misma ciudad que nació, Calcuta, a la edad de 80 años.
Toda su obra está impregnada de esta manera sutil y trascendente de entender y mostrar la vida.
Curiosidades
De sus aulas han salido figuras de talla mundial como el economista y Nobel Amartya Sen, el célebre director de cine Satyajit Ray y la ex primera ministra de la India, Indira Gandhi.
Referente pedagógico que influyó en grandes educadores, incluyendo a María Montessori, quien expresó su total afinidad con la filosofía de Tagore tras visitar la escuela en 1939.
Dos de las canciones compuestas por Tagore en Santiniketan son hoy los himnos nacionales de la India y Bangladesh.
En la actualidad, Visva-Bharati sigue siendo una de las instituciones académicas más prestigiosas de la India, manteniendo vivos los festivales estacionales y las tradiciones artísticas iniciadas por Tagore hace más de un siglo.
Uno de sus libros favoritos fue Sádhana o La vía espiritual y La ofrenda lírica. En este pequeño paseo por su vida, voy a compartir dos poemas:
Las Flores Impacientes (poema de La Ofrenda Lírica)
Cansadas de esperar, estallásteis vuestras ataduras,
¡flores impacientes!, antes de haberse ido el invierno.
A vuestra vela, junto al camino llegaron
vislumbres del Invisible que venía,
y os precipitásteis fuera,
corriendo y jadeando,
¡ansiosos jazmines,
tropa de rosas desenfrenadas!
Fuistéis las primeras en correr
a la brecha de la muerte,
y vuestro clamoroso de colores
y perfumes trastornó el aire.
Reíais estrujándoos y
empujandoos, y dísteis el pecho,
y caísteis en montones.
Vendrá a su tiempo el verano,
navegando en la pleamar
del viento sur; pero vosotras
no contásteis nunca los minutos lentos,
para estar seguras de él.
Locamente, os derrochásteis del todo
por el camino, con la alegría
terrible de la fe.
Oísteis sus pasos lejanos,
y arrojásteis, para que él
lo pisara, vuestro manot de muerte.
Vuestras ligaduras saltan antes de que
se vea el Salvador;
lo hacéis vuestro antes de que él
pueda venir a reclamaros.
Mi canción (poema de La Luna Nueva)
Mi canción te envolverá con su música, hijo mío,
como los brazos entrañables del amor.
Te tocará la frente como un beso de bendiciones.
Cuando tú estés solo, se sentará a tu lado
y te hablará al oído;
cuando estés entre la gente, te cercará
para aislarte de ella.
Mi canción será como unas alas para
tu sueño y se llevará tu corazón
hasta el fin de lo ignorado.
Cuando la noche negra se eche
en tu camino, mi canción
será sobre tu frente como la estrella fiel.
Se sentará en las niñas de tus ojos
y guiará tu mirar hasta
el alm de las cosas.
Cuando mi voz se calle con la muerte,
mi canción te seguirá hablando
en tu corazón vivo.
Os comparto una receta hindú sencilla, saludable y sencilla de elaborar: