UN PASEO PARA RECORDAR. UN CUENTO DE ESPERANZA

 Estando siempre dispuestos a ser felices,

es inevitable no serlo alguna vez. 

 

Blaise Pascal

CAPÍTULO I.

EL MOMENTO DE LA LUCHA SE ACERCA

El sol despide los últimos días de primavera decorando el cielo azulado con capullos de algodón. La llegada del estío abre paso a la vida llenando el valle de alegría y sosiego. 

Los campos se pintan de mil colores, las mariposas rompen sus crisálidas para  revolotear entre cascarones apenas abiertos y el griterío de los pájaros recién nacidos invade el aire de melodías. 

Pero no todo es felicidad. Malos augurios se camuflan bajo la brisa suave de junio. Anasus los respira, los siente palpitar en cada poro de su piel. El dolor que su cuerpo manifiesta es una advertencia de que algo anda mal.

Las últimas veinte noches  ha despertado con la misma pesadilla, es una intuición de que su vida está a punto de cambiar.

Lucha contra esa oscuridad que  vive en sus sueños, consciente del peligro que se avecina. Su clan resta importancia a la premonición de  Anasus.“No es más que un sueño. No te preocupes. Todo está bien”.

Pero lo  que siente es tan real como el dolor que le corroe por dentro. Cuando se acaba el día, Anasus intenta encontrar sosiego en las frases que todos le repiten pero nunca antes se ha sentido tan agotada. Con cualquier mínimo esfuerzo parece que la vida se le escapa.  Necesita descansar, recuperar las fuerzas, pero al cerrar los ojos y caer en un profundo sueño el horror se repite  una vez más:

Ella a ciegas tantea el suelo con sus pies, vigilante a cualquier ruido.  

Es una noche sin estrellas, ni trinos de pájaros, ni brisa que meza los árboles. La negrura lo impregna todo. Se siente perdida. 

 De pronto distingue una minúscula luminiscencia y se dirige esperanzada hacia ella. Mientras se acerca con pasos inseguros, siente un escalofrío. En el lugar de la luz, distingue un par de ojos amarillos, una respiración agónica y el horror que se hace carne.

La respiración del oscuro es ensordecedora, sus ojos aumentan de tamaño hasta solaparse en uno solo y  se produce la transformación. Donde antes había un ojo, hay ahora un agujero negro que respira. Vislumbra un vacío que todo lo llena.  Se resiste con todas sus fuerzas pero sus pies no son capaces de resistir la atracción. Como la polilla vuela irremediablemente hacia la luz, así le ocurre a Anasus caminando hipnóticamente hacia el peligro. 

 Con cada expiración de la negrura, una flecha emerge hacia el exterior.  Ella percibe el siseo en el aire corrigiendo la dirección con una nueva exhalación,  hasta  la última lanza que alcanza el objetivo, su pecho. 

No puede respirar.  Siente un dolor insoportable. Escucha una risa estridente y la respiración entrecortada le dice su nombre: KECRÁN. 

La sangre se le hiela. Deja de respirar. No siente dolor. Sólo hay oscuridad…

 Siempre que la identidad  y su muerte es revelada, se despierta.

 El cansancio extremo, el sudor frío y el dolor persisten cada mañana. Las emociones que ha vivido dormida son tan reales que en su pecho percibe la oquedad de la flecha y en la zona herida aparece una mancha roja. 

Los sueños no te pueden dañar”. Cada vez que escucha esta frase demoledora, siente que su cuerpo se tensa. Ella sabe que algo va mal, Kecrán está arrastrándola hacia la oscuridad. Ya domina su sueño pero no va a permitir que controle su realidad. No se va a rendir. 

Y ocurre lo que Anasus presentía. El mismo sueño se propaga a otros miembros de su tribu. El Oscuro deja de ser una pesadilla para convertirse en una plaga. En ese instante, la joven siente un gran alivio. Por fin puede hacer frente a la situación,  prepararse para lo que está por venir con la ayuda de su comunidad pero la lucha es exclusivamente suya. 

Tiene que encontrar un alma pura que le enseñe cómo vencer la magia de Kecrán. Para ello toma la decisión más difícil, abandonar la protección de su hogar en busca de alguien que  interprete el mensaje de su sueño. 

Su cuerpo y su mente se preparan para la lucha. El momento de la batalla se acerca. 

CAPÍTULO II.

EL DESPERTAR DE LA MENTE

Ahora todos lo saben,  Kecrán es una amenaza real. Aquellos que no creían en sus premoniciones,  envían un mensaje de advertencia. Todos los pueblos a lo largo y ancho del valle esperan la llegada de Anasus. 

Su viaje tiene un sentido y es un ejemplo para otros. En cada etapa encuentra a personas anónimas que le demuestran su confianza. Las rutinas ordinarias, sus luchas personales le inspiran y le recuerdan que todas aquellas nimiedades a las que antaño daba prioridad en su vida, ahora no tienen ningún sentido.   

Todos se transforman en médicos del alma, son sus brújulas que le llevan hacia su destino. Ya no se sienta sola, ellos son parte de una gran familia. Recupera fuerza y el dolor que le acompaña se relega a un segundo plano. 

Muy al norte del valle, en la ciudad de Las Luces, encuentra  El Santuario y a quienes adiestrarán su don, los Dómices. 

 La primera enseñanza es que el cuerpo y el alma es uno solo, no pueden entrenarse por separado. Para transformar la dualidad, el cuerpo debe ser rápido, certero, fuerte. La mente tiene que estar lúcida y el corazón abierto para ver más allá de la oscuridad.

Así descubre que su arma más poderosa está dentro de sí misma,  donde reside el poder para cambiar su mundo. 

 Y comienza su entrenamiento.  

En el santuario, la  pesadilla  continua repitiéndose cada noche pero ahora los dòmices conducen su oscuridad.  Anasus es capaz de cerrar su mente a la magia de Kecrán y concentrarse en la luz. Puede mantener distancia entre ella y el abismo.  Siente como el maligno se debilita con pensamientos sin importancia pero tan vitales para conseguir felicidad; una brisa, sonrisas, aromas a lavanda, canciones de cuna… 

Y a través de estas emociones los dómices le enseñan a invocar su ancestro de luz, Tananoy. Ella entiende el lenguaje del alma e interpretará el sueño de Anasus para guiarla y acompañarla en su transformación. Con ella descubre universos infinitos. 

El despertar de su mente es la aceptación de la dolorosa alteración de su cuerpo. Anasus se siente bien con el cambio, significa el principio de su lucha. 

Por sus venas corre la metamorfosis que teje la crisálida, su coraza, su conversión. 

Cada día es más poderosa, una guerrera entrenada para luchar contra Kecrán. 

Siente la agonía convirtiéndose en energía. Una luz blanca que todo lo ilumina es la prueba de su cambio. Se siente  valiente guerrera. Está lista. Se adentra en su sueño más negro para enfrentarse al  oscuro en una  última batalla.

CAPÍTULO III

SOLO PUEDE QUEDAR UNO.

 Anasus, siguiendo las señales de Tananoy, alcanza la etapa final.

En este viaje sus almas han conectado para resurgir de las cenizas. 

   Desde que abandonaron la ciudad de La Luz, se han topado con muchas encrucijadas, elegir no es fácil pero la sabiduría de Tananoy guía sus decisiones: “No elijas un camino al azar. Siéntate y espera. Respira profundo, escucha tu corazón. Cuando te hable, síguelo”.

Ha contenido las primeras batallas y seguirá enfrentándose a las que estén por llegar con estos pensamientos.

El coraje no siempre ruge. A veces, es una pequeña voz que al final del día te susurra :”Lo intentaré mañana”. 

Y con cada nuevo día no siente el cansancio, ni las heridas aún abiertas en estas  contiendas. Solo siente paz y plenitud por recorrer otra parte de este asombroso viaje. 

Tananoy y Anasus han llegado a la gran montaña. Tras la cima  se encuentra su destino. En  la pradera, antes de ascender la pendiente, una mariposa revolotea feliz entre  margaritas de colores. Anasus se tumba en la hierba fresca y deja que el sol bañe todo su cuerpo, escucha el sonido del agua deslizándose por una cascada cercana, al gavilán cantando la melodía del viento. Tananoy se posa en su regazo. Esta nueva  mujer se ha ganado este último descanso. La paz es efímera ante la guerra devastadora. Mañana llegará al páramo. Mañana el abismo la devorará o será ella quien acabe con la oscuridad. Solo puede quedar uno.

Pero hoy los instantes son extremadamente importantes. Y un momento es toda una vida. 

CAPÍTULO IV

CERRANDO EL CÍRCULO: YO, Mí, CONMIGO

La densa niebla se expande como un cáncer y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Es el sueño que se ha repetido una y otra vez hecho realidad. Ya estoy aquí.

Mis primeros pensamientos son para MÍ misma, el miedo a lo desconocido está CONMIGO y YO pienso en cómo será la muerte que hoy me aguarda. 

Tananoy se posa en mi hombro y esparce su polvo de hadas sobre mi piel. Un halo de luz inunda mi oscuridad para permitirme ver más allá. 

Viajo en una nube y desde aquí todo es magnífico, todo ocurre muy deprisa, los campos verdes son pinceladas de colores, las más altas montañas se ven tan pequeñas … 

En el camino, la nube hace sombra al mismísimo sol y de repente siento mi cuerpo en la tierra.

Ahora todo lo que era tan insignificante es grandioso. Y mi perspectiva de las cosas es mucho más amplia.  No soy solo yo, también todos los que me han conducido hasta aquí, mi tribu, las gentes que conocí, los dómices que me entrenaron y cuidaron. El sol  brilla en todo su esplendor. 

La visión de Tananoy es poderosa, despeja mi mente como una mañana clara.

Por fin comprendo todo lo que he recibido en mi vida y lo que todavía tengo  para dar.  

En este instante observo a Kecrán. La distancia es óptima.  No tan cerca del abismo como para oscurecer mi luz pero lo suficientemente próximo para darme percepción de profundidad. Lo he aprendido durante estos meses de entrenamiento pero es en este instante, cuando siento esta sensación como algo natural.  No tengo miedo. Yo, guerrera, vuelvo a la realidad para enfrentarme a él. 

No tengo elección, solo puede aceptar este desafío. Aunque su fuerza devastadora y sus garras destrozan mi interior,  siento mi mortalidad como un poder que me protege. Nunca he pensado en la muerte sino en la vida. 

Sé cómo vencer a Kecrán, desordenado y aterrador, se sabe invencible. Piensa que ningún arma humana puede derrotarlo. Y esta soberbia es su mayor debilidad. 

Mi coraza brilla poderosamente con el halo de luz que me envuelve. Impregnada de sacrificio, dolor y  amor, es el arma más letal para combatir al oscuro. 

Y mientras que Tananoy mueve sus alas al viento, yo giro mi rostro hacia el sol y las sombras caen tras de mí. Siento unas increíbles ganas de vivir. Percibo conmigo a todos los que quiero pero por encima de estos pensamientos, amo mi vida. Cuanto más fuerte son estas emociones, más intensa y cálida es la luz que todo lo llena. Y en su ascensión, la claridad se hace infinita hasta tragarse al abismo. Solo permanece un minúsculo agujero negro por donde Kecrán desaparece. 

En ese mismo instante, el páramo se desvanece tras la densa niebla y en su lugar, vislumbro mi valle. Allá donde la respiración de Kecrán invadía mis sueños, ahora escucho las risas tranquilas de mi gente. 

Sé que este hechicero nunca será derrotado, solo se esconde en las profundidades. Siempre acechará paciente a que  baje la guardia para hundirme en el abismo. No importa las veces que tenga que reencontrarme con Kecrán.  Seré una guerrera el resto de mi vida. He aprendido a disfrutar del viaje, de las pequeñas cosas, rutinas enriquecedoras que convierten mi vida en extraordinaria. 

 Mi nuevo “Yo” nunca siente la  soledad. En mi coraza me llevo a mí conmigo. En mi alma habita Tananoy que guía mis pasos. Y en este camino que me queda por recorrer me acompañan salvadores, aliados y amigos que han lamido mis heridas y han abrazado mis miedos. 

No hay meta, ni final. Hasta el último minuto de mi existencia, todo es continuo movimiento.

EPÍLOGO.

Sonrío al sol del amanecer, al ocaso que pinta los campos de lavanda y abrazo a la vida.  Agradezco el silencio de la noche, su cielo estrellado y los sueños poderosos que me acompañan. 

Los caminos difíciles pueden conducir a hermosos destinos. El mío me ha enseñado mucho acerca de la compasión. Me dió un propósito, una forma de afrontar mi existencia.

Recorro esta tierra que tanto amo, exploro cada rincón, disfruto de sus aromas y las charlas. 

El pañuelo, que ya no cubre mi cabeza cuando me miro en el espejo, me recuerda mi victoria. Reconozco ese brillo en mis ojos y me digo: “Esa que hay ahí es una luchadora que ha cambiado una vida sin futuro por un futuro lleno de vida”. 

Mi canción favorita es despertar cada día y nunca rendirme. 

Siento mucha necesidad de compartir al mundo mi experiencia. Es como si el mismísimo Kecrán me hubiera puesta las pilas para decir a todo el que me quiera escuchar: 

“Que el miedo no se apodere de tu espíritu, sonríe a la vida con cada uno de tus pasos”. 

El no ha podido matar mi FE, ni silenciar mi CORAJE. No ha podido destruir mi ESPERANZA, ni consumir mi PAZ.  Imposible suprimir mi MEMORIA u olvidar el AMOR que me rodea. 

Y por encima de todo, lo que nunca conseguirá es enfermar mi ALMA. 

       Soy más FUERTE que él y tú también lo eres. 

Este cuento está inspirado en una guerrera muy especial que ha luchado y ha superado un cáncer de mama. Con este símil, intento visualizar a tantas valientes que pelean cada día para vencer esta enfermedad. Sí se puede.

Espero de todo corazón que este pequeño regalo para mi querídisma prima Susy, a quien quiero tanto, anime a muchas guerreras a enfrentarse con toda su energía positiva al oscuro Kecrán.


Este cuento tan especial, me ha inspirado un plato con diferentes texturas y sabores: CERDO AGRIDULCE

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