¡FELIZ CUMPLEAÑOS HIJO!

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Autora: Marisa Ventura

Cuídalo, que me ha costado una pasta – me dijo mi padre cuando me entregó el regalo por mi quinceavo cumpleaños.

Era muy propio de él hacer mención al precio de todo.

El obsequio estaba envuelto en el tradicional papel decorado y era un paquete plano, de gran tamaño y de peso moderado.

Manejándolo con cuidado lo apoyé en el suelo, rasgué el papel y tiré de él dejándolo amontonado a un lado. Tras el envoltorio asomó una caja de color marrón pardusco, acanalada, sin dibujos ni fotografías.

Después de darle vuelta un par de veces encontré el modo de abrirla por uno de los lados. Retiré el papel celofán que sujetaba la pestaña de apertura y tiré del extremo de una de esas bolsas que llevan ampollas de aire para proteger el interior de golpes, que estaba además doblada sobre sí misma. Para mayor seguridad lo habían afianzado también con cinta de carrocero marrón, por lo que me resultó bastante difícil encontrar el modo de despegarlo sin romper la bolsa de burbujas. Tiré con cuidado de la cinta mientras pensaba en lo contenta que se iba a poner mi abuela, que disfrutaba como una niña explotando las pompas.

Al abrirla aparecieron un arco de madera y metal, varias flechas con las puntas de acero protegidas por ese tipo de papel rugoso tan resistente a estiramientos y roturas, y un carcaj de badana plegado sobre sí mismo.

Más decepcionado que sorprendido miré a mi padre, cuyo rostro exhibía una enorme sonrisa que se fue borrando al ver mi expresión

¿Qué pasa, no te gusta? – Dijo con el ceño fruncido- , y añadió sin darme tiempo a contestar:

Podrás cazar pájaros, como los indios… ¡o pájaras!– remató con ironía y un mohín malévolo en la boca.

dibujo indio con arco

Era mi primer sábado a solas con él desde la separación.

Tras dieciocho años casados, mis padres habían puesto fin a su relación después de que en los últimos tres, las discusiones se hubieran convertido en una rutina más de cada día. El resentimiento de uno hacia el otro había llegado a tal extremo, que el ambiente en casa con ellos dentro convertía el aire en irrespirable. Al menos yo, me sentía así de agobiado.

¿Cómo te trata la bruja? – me preguntó de pronto refiriéndose a mi madre.

No contesté. Durante unos segundos que se me hicieron eternos, ambos aguantamos la mirada.

Rompí el silencio agradeciéndole el regalo, tal como mi madre me había dicho en incontables ocasiones que debía hacer siempre ¡aunque no me gustara! y en este caso no me gustaba nada.

Gracias papá– dije envolviéndolo de nuevo lentamente, y añadí:

Lo dejamos por aquí ¿no?

No, no, – respondió de inmediato mientras hurgaba en su bolsillo

-Llévatelo y que lo vea tu madre- dijo dándome desplegada la factura de compra

-Que mire el precio y vea lo que gasto contigo, así nunca podrá decir que no me importas.

No entendí la relación de una cosa con otra, pero callé porque una tristeza repentina me invadió de pronto, probablemente al descubrir que tasaba su cariño por mí con moneda de cambio.

Comimos juntos, habló él casi todo el tiempo porque yo tuve poco que decir. Hacia las ocho me llevó de vuelta a casa con el regalo dentro del maletero de su coche.

Ni siquiera se bajó a despedirme, solo puso la mejilla para que le besara y yo lo hice al aire. Desde la ventanilla me recordó que nos veríamos el sábado siguiente.

En cuanto estuve dentro de casa lo metí bajo mi cama, en parte porque no quería verlo y en parte porque era el único sitio donde no estorbaba.

cenefa hojas

A mamá le dije que todo había ido bien, pero ella me miró con un punto de tristeza porque sabía que no era cierto.

A partir de ese día cada sábado era lo mismo, me llamaba y decía:

Ponte ropa cómoda que nos vamos de entrenamiento.

Yo refunfuñaba porque no quería ir, pero mamá me animaba y me explicaba pacientemente porqué debía hacerlo, mientras metía en mi bolsa dos porciones del delicioso bizcocho de naranja y chocolate que tanto nos gustaba: una para mí y otra para él. ¡Así es mi madre!

mermelada naranja

Dale tiempo, -me decía intentando más convencerse a sí misma que a mí.

-Tal vez algún día comprenderá.

Así, yo cargaba con el arco y las flechas y él con una nevera portátil llena de botes de cerveza, y mientras yo lanzaba flechas contra las latas vacías “para entrenarme”, él lanzaba pullas contra mamá:

¡Nunca ha cuidado bien de ti; no sabe cocinar; siempre fue una “bicha” egoísta; ya venía de vuelta de todo cuando la conocí; cuando se desmaquilla es hasta fea…!

La retahíla de injurias/lamentos; inciertos probablemente todos, pero con seguridad aquellos sobre los que yo podía opinar; me resultaba insoportable.

Sus comentarios, a veces hasta obscenos, me abatían y me hacían sentir triste y apático. A resultas yo no era para él más que uno de esos botes vacíos contra los que lanzábamos las flechas, la diferencia estaba en que conmigo no fallaba, muy al contrario, me daba de lleno en el corazón.

Después de casi una docena de sábados disparando a las latas, por fin anoche tomé una decisión.

Hoy cuando ha llamado le he dicho que no iba a ir más con él y cuando me ha preguntado por qué, simplemente le he contado lo que siento: Que yo no soy como él, que no quiero aprender a matar ¡pájaros ni pájaras! Y que probablemente habré salido a la “bicha” de mi madre.

Eres un egoísta– me ha dicho con desprecio después del silencio inicial por la sorpresa.

Pues mira – le he contestado- puestos a ser egoístas voy a cambiarle a un amigo el arco y las flechas por su Play- Station, ¡que a mí me mola mucho más!

M.L. Ventura.

La receta que acompaña a esta receta es BIZCOCHO DE NARANJA Y CHOCOLATE

BIZCOCHO DE NARANJA Y CHOCOLATE

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3 respuestas a “¡FELIZ CUMPLEAÑOS HIJO!”

  1. Pilar Gonzalvez dice:

    Una reflexión muy buena sobre los dardos envenenados que pueden resultar las palabras y más a un hijo convertido en moneda de cambio. Un relato aagrio que se endulza con el riquisimo bizcocho

  2. Muchas ganas de hacer este bizcocho.

  3. Una receta ideal y muy muy rica
    La recomiendo 100%

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